Reza con la Iglesia
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os abrirán”. (Mateo 7, 7, trad. Torres Amat)
28 oraciones católicas muy queridas, en sus textos tradicionales en español, agrupadas por intención. Cada una tiene una breve nota sobre su origen y una fuente para que puedas comprobar el texto. Pulsa una oración para abrirla.
Las oraciones que todo católico conoce
Oraciones breves y antiguas que pertenecen a toda la Iglesia. Si estás empezando, apréndelas primero.
La señal de la cruz
Los católicos comienzan y terminan la oración, y a menudo el día mismo, con la señal de la cruz, trazando la cruz de la frente al pecho y de un hombro al otro. Como dice el Catecismo, “la señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades” (Catecismo 2157).
En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo. Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va). Es la antigua fórmula bautismal (Mt 28, 19). En muchos países hispanos se acostumbra también “persignarse”: “Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro”, antes de la señal de la cruz.
El Padre nuestro
La oración que Jesús mismo enseñó a sus discípulos (Mt 6, 9–13; Lc 11, 2–4). El Catecismo, citando a Tertuliano, la llama “el resumen de todo el Evangelio” (Catecismo 2761).
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va). Es el texto común en América Latina y entre los hispanos de EE. UU. En España se usa la misma forma desde 1988; algunos libros antiguos dicen “que estás en los cielos”. Catecismo 2759–2865.
El Ave María
La primera parte une las palabras del ángel Gabriel (Lc 1, 28) y las de santa Isabel (Lc 1, 42). La segunda pide a la Madre de Dios que ruegue por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte (Catecismo 2676–2677).
Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va). Algunas comunidades dicen “el Señor está contigo” en lugar de “el Señor es contigo”; aquí se sigue la forma tradicional del Compendio. Catecismo 2676–2678.
El Gloria
Un breve himno de alabanza a la Santísima Trinidad, llamado doxología (del griego “palabra de gloria”). Cierra cada misterio del Rosario.
Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va).
El Credo de los Apóstoles
Un antiguo resumen de la fe de los Apóstoles, que se considera “el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma” (Catecismo 194). Se reza al comenzar el Rosario.
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.
Fuente: Texto: Catecismo Católico de los Estados Unidos para los Adultos (USCCB), Apéndice B. Algunas ediciones dicen “descendió a los muertos” en lugar de “descendió a los infiernos”; ambas expresan la misma verdad (Catecismo 631–637). Catecismo 185–197.
Acto de contrición
Una oración de arrepentimiento que se reza en la Confesión, antes de dormir, o siempre que necesitemos volver a Dios. La contrición es “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar” (Catecismo 1451).
Dios mío,
me arrepiento de todo corazón
de todos mis pecados
y los aborrezco,
porque al pecar, no sólo merezco
las penas establecidas por ti
justamente,
sino principalmente porque te ofendí,
a ti sumo Bien y digno de amor
por encima de todas las cosas.
Por eso propongo firmemente,
con ayuda de tu gracia,
no pecar más en adelante
y huir de toda ocasión de pecado.
Amén.
O bien (tradición española, muy difundida también en América Latina):
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío.
Por ser tú quien eres, Bondad infinita,
y porque te amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberte ofendido.
También me pesa que puedas castigarme
con las penas del infierno.
Ayudado de tu divina gracia,
propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme y cumplir la penitencia
que me fuera impuesta. Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va). Mira también la guía para la Confesión.
Fe, esperanza y caridad
Las virtudes teologales se reciben de Dios y se ejercitan con actos sencillos. Muchos rezan estos actos por la mañana.
Actos de fe, esperanza y caridad
Tres oraciones breves para ejercitar las virtudes que nos unen directamente a Dios (Catecismo 1812–1829).
Acto de fe
Señor Dios, creo firmemente
y confieso todas y cada una de las verdades
que la Santa Iglesia Católica propone,
porque tú las revelaste,
oh Dios, que eres la eterna Verdad y Sabiduría, que ni se engaña
ni nos puede engañar.
Quiero vivir y morir en esta fe.
Amén.
Acto de esperanza
Señor Dios mío, espero por tu gracia
la remisión de todos mis pecados;
y después de esta vida,
alcanzar la eterna felicidad,
porque tú lo prometiste que eres
infinitamente poderoso,
fiel, benigno y lleno de misericordia.
Quiero vivir y morir en esta esperanza. Amén.
Acto de caridad
Dios mío, te amo sobre todas las cosas
y al prójimo por ti,
porque Tú eres el infinito,
sumo y perfecto Bien,
digno de todo amor.
Quiero vivir y morir en este amor. Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va). El Compendio recoge además unas formas breves de “tradición española” (“Creo en Dios Padre; Creo en Dios Hijo…”).
Con María, Madre de Dios
María nos lleva siempre a su Hijo. La Iglesia la honra con oraciones muy antiguas (Catecismo 971, 2673–2679).
La Salve
Una de las antífonas marianas más queridas, que se canta al final de Completas y se reza al terminar el Rosario.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va) (Salve y oración tras el Rosario).
Acordaos
Una oración de confianza tradicionalmente atribuida a san Bernardo de Claraval, aunque su forma actual es más tardía.
Acordaos,
oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido
a tu protección,
implorando tu asistencia
y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.
Animado con esta confianza,
a ti también acudo, oh Madre,
Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo
bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer
ante tu presencia soberana.
No deseches mis humildes súplicas,
oh Madre del Verbo divino,
antes bien, escúchalas
y acógelas benignamente. Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va).
El Ángelus
Recuerda la Encarnación del Hijo de Dios y se reza tradicionalmente a las 6 de la mañana, a mediodía y a las 6 de la tarde. En tiempo pascual se sustituye por el Regina Caeli.
El ángel del Señor anunció a María.
Y concibió
por obra y gracia del Espíritu Santo.
Dios te salve, María…
He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María…
Y el Verbo de Dios se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María…
Ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Jesucristo.
Oremos.
Infunde, Señor,
tu gracia en nuestras almas,
para que, los que hemos conocido,
por el anuncio del ángel,
la Encarnación de tu Hijo Jesucristo,
lleguemos por los méritos de su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Gloria al Padre…
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va). Los puntos suspensivos indican que se reza un Ave María completo.
Regina Caeli (Reina del cielo)
Se reza en lugar del Ángelus desde el Domingo de Pascua hasta Pentecostés.
Reina del cielo, alégrate; aleluya.
Porque el Señor a quien has merecido llevar;
aleluya.
Ha resucitado según su palabra;
aleluya.
Ruega al Señor por nosotros;
aleluya.
Gózate y alégrate, Virgen María;
aleluya.
Porque verdaderamente ha resucitado el Señor;
aleluya.
Oremos.
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
has llenado el mundo de alegría,
concédenos, por intercesión de su Madre,
la Virgen María,
llegar a alcanzar los gozos eternos.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va) (se corrige la errata “gozos eterno”).
Bajo tu amparo
Quizá la oración mariana más antigua que se conserva: se encontró en un papiro griego, probablemente del siglo III.
Bajo tu amparo nos acogemos,
Santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos
en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre
de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va) (allí titulada “Bajo tu protección”; el “Amén” final es el habitual).
Bajo la mirada de Dios y de sus ángeles
Dios nos ha dado a sus ángeles para que nos acompañen y nos defiendan (Catecismo 328–336).
Oración a san Miguel Arcángel
El papa León XIII compuso esta oración a finales del siglo XIX, y durante décadas se rezó después de la Misa rezada. Hoy muchas parroquias la han vuelto a adoptar (Ap 12, 7–9; Catecismo 391–395).
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén.
Fuente: Texto: la forma tradicional que se reza comúnmente en Hispanoamérica y entre los católicos hispanos de los EE. UU. No hay un único texto oficial en español; otra traducción, en Vatican News, “Oraciones”.
Ángel de Dios (al ángel de la guarda)
A menudo es la primera oración que aprende un niño. La Iglesia enseña que “desde su comienzo […] hasta la muerte […], la vida humana está rodeada de su custodia” (Catecismo 336; Mt 18, 10).
Ángel de Dios,
que eres mi custodio,
pues la bondad divina
me ha encomendado a ti,
ilumíname, guárdame, defiéndeme
y gobiérname.
Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va). Muchas familias rezan también el verso popular “Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”.
Por la familia
La casa familiar es llamada “Iglesia doméstica”, comunidad de gracia y de oración (Catecismo 1666, 2685).
Oración a la Sagrada Familia (papa Francisco)
El papa Francisco cerró su exhortación Amoris laetitia sobre el amor en la familia con esta oración a Jesús, María y José.
Esta oración reciente está protegida por derechos de autor, así que no la reproducimos aquí. Está al final de la exhortación. Lee el texto oficial: Amoris laetitia, n. 325 (vatican.va).
Fuente: Papa Francisco, Amoris laetitia (19 de marzo de 2016), oración final (vatican.va).
Oración a san José, custodio del Redentor (papa Francisco)
San José protegió a María y a Jesús, y es patrono de la Iglesia universal. El papa Francisco escribió esta breve oración al final de su carta apostólica Patris corde (2020). Para una oración más antigua que puedes rezar aquí mismo, mira la oración de León XIII.
Esta oración reciente está protegida por derechos de autor, así que no la reproducimos aquí. Está al final de la carta. Lee el texto oficial: Patris corde (vatican.va).
Fuente: Papa Francisco, Patris corde (8 de diciembre de 2020), oración final (vatican.va).
Por nuestros difuntos
Rezar por los difuntos es una obra de misericordia: la Iglesia ofrece sufragios por ellos para que, purificados, puedan ver a Dios (Catecismo 958, 1032).
Dale, Señor, el descanso eterno
Una breve oración por los difuntos, que muchos rezan al pasar junto a un cementerio o al recordar a un ser querido.
V. Dale, Señor, el descanso eterno.
R. Brille para él la luz perpetua.
V. Descanse en paz.
R. Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va) (allí, “El eterno reposo”; se añaden las indicaciones V./R.). Para varias personas se dice “Dales, Señor, el descanso eterno; brille para ellos la luz perpetua; descansen en paz”.
Oración por los difuntos (tradición bizantina)
Una oración de las Iglesias orientales, llena de esperanza en Cristo, “la Resurrección y la Vida”. Donde dice N., se nombra al difunto.
Dios de los espíritus y de toda carne,
que sepultaste la muerte,
venciste al demonio
y diste la vida al mundo.
Tú, Señor, concede al alma
de tu difunto siervo N.,
el descanso en un lugar luminoso,
en un oasis, en un lugar de frescura,
lejos de todo sufrimiento,
dolor o lamento.
Perdona las culpas por él cometidas
de pensamiento, palabra y obra,
Dios de bondad y misericordia;
puesto que no hay hombre
que viva y no peque,
ya que Tú sólo eres Perfecto
y tu Justicia es justicia eterna
y tu Palabra es la Verdad.
Tú eres la Resurrección,
la Vida y el descanso del difunto,
tu siervo N.
Oh Cristo Dios nuestro.
Te glorificamos junto con el Padre
no engendrado
y con tu santísimo, bueno
y vivificante Espíritu.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va).
Para dar gracias y alabar
La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia (Catecismo 2637–2638).
Te Deum (A ti, oh Dios, te alabamos)
Un antiguo himno de alabanza que la Iglesia canta en las grandes fiestas, en el Oficio de lectura de los domingos y para dar gracias al fin de año.
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos,
los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza
el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que un día
has de venir como juez.
Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va).
El Magníficat (Cántico de María)
El canto de alabanza de María en la Visitación (Lc 1, 46–55). La Iglesia lo canta cada tarde en las Vísperas.
Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.
Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va).
Ante Jesús en la Eucaristía
La Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (Catecismo 1324).
Comunión espiritual (san Alfonso María de Ligorio)
Cuando no podemos comulgar, podemos desear unirnos a Jesús con el corazón. San Juan Pablo II recordó la práctica de la “comunión espiritual” (Ecclesia de Eucharistia, 34).
Creo, Jesús mío,
que estáis realmente presente
en el Santísimo Sacramento del Altar.
Os amo sobre todas las cosas
y deseo recibiros en mi alma.
Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado,
venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya os hubiese recibido,
os abrazo y me uno del todo a vos.
No permitáis, Señor, que jamás me separe de vos.
Amén.
Fuente: Texto: Vatican News, “Oraciones”. Se conserva el tratamiento tradicional de “vos” con que se reza en muchos lugares, aplicado de forma uniforme en toda la oración.
Alma de Cristo
Una oración medieval que san Ignacio de Loyola puso al comienzo de sus Ejercicios espirituales. Muchos la rezan después de comulgar.
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va).
Ven, Espíritu Santo
Sin el Espíritu Santo no podemos ni siquiera orar: “Nadie puede decir: ‘¡Jesús es Señor!’ sino por influjo del Espíritu Santo” (1 Co 12, 3, citado en Catecismo 2670).
Ven, Espíritu Santo
La oración más conocida al Espíritu Santo, ideal antes de estudiar, de tomar una decisión o de examinar la conciencia.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu Espíritu y serán creadas todas las cosas.
R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos. Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu y gocemos siempre de su divino consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Fuente: Texto: Catecismo Católico de los Estados Unidos para los Adultos (USCCB), capítulo 9, p. 119. Versículo: Salmo 104 (103), 30.
Ven, Espíritu Creador (Veni Creator)
Himno del siglo IX que la Iglesia canta en Pentecostés, en las ordenaciones y al comienzo de cada cónclave.
Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles,
llena con tu divina gracia
los corazones que creaste.
Tú, a quien llamamos Paráclito,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego,
caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, dedo de la diestra del Padre;
Tú, fiel promesa del Padre;
que inspiras nuestras palabras.
Ilumina nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé nuestro director y nuestro guía,
para que evitemos todo mal.
Por ti conozcamos al Padre,
al Hijo revélanos también;
Creamos en ti, su Espíritu,
por los siglos de los siglos.
Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos de los siglos. Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va).
Ven, Espíritu divino (Secuencia de Pentecostés)
La Secuencia que se canta en la Misa del domingo de Pentecostés, llamada a veces la “secuencia de oro”.
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va); el mismo texto en Vatican News, “Oraciones”.
Oración a san José (León XIII)
El papa León XIII publicó esta oración con su encíclica Quamquam pluries (1889) y pidió que se añadiera al Rosario cada octubre. Se sigue rezando después del Rosario y en tiempos de prueba para la Iglesia.
A ti, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.
Con aquella caridad que te tuvo unido con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.
Protege, oh providentísimo Custodio de la divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios. Asístenos propicio desde el cielo, en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad.
Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.
Fuente: Texto: León XIII, Quamquam pluries (15 de agosto de 1889), versión española en vatican.va.
Cómo rezar el Rosario
El Rosario es una meditación de la vida de Jesús, rezada con María. San Juan Pablo II escribió que concentra “la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio” (Rosarium Virginis Mariae, 1). Para una guía completa con todas las oraciones, mira nuestra página del Rosario.
La oración de Fátima (en cada misterio)
Se reza en cada misterio, después del Gloria. Según sor Lucía, Nuestra Señora la enseñó en Fátima el 13 de julio de 1917.
Oh Jesús mío,
perdona nuestros pecados,
líbranos del fuego del infierno,
lleva al cielo a todas las almas,
especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
Amén.
Fuente: Forma usual en Hispanoamérica y entre los hispanos de EE. UU. En España se dice también “…lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”.
Oración final del Rosario
Después de la Salve, el Rosario se concluye con esta oración.
V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Oremos. Oh Dios, cuyo Hijo, por medio de su vida, muerte y resurrección, nos otorgó los premios de la vida eterna, te rogamos que, venerando humildemente los misterios del Rosario de la Santísima Virgen María, imitemos lo que contienen y consigamos lo que nos prometen. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Fuente: Texto: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005), Apéndice A, “Oraciones comunes” (vatican.va), “Oración tras el rosario”.
“Señor, enséñanos a orar”.Lucas 11, 1, trad. Torres Amat
“La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes” (San Juan Damasceno, citado en Catecismo 2559).
Sobre los textos: se reproducen las formas tradicionales en español tal como las publican la Santa Sede (Compendio del Catecismo, Vatican News, vatican.va) y la Conferencia de Obispos Católicos de los EE. UU. Las oraciones recientes protegidas por derechos de autor se enlazan en lugar de copiarse. Las citas bíblicas son de la traducción de Torres Amat (con enlace a ese texto en Wikisource); las demás referencias bíblicas enlazan a El Libro del Pueblo de Dios en vatican.va.
Más oraciones, por ahora solo en inglés: Catholic Prayers.