Aprender la fe

La Buena Noticia, contada con sencillez

El corazón de la fe católica es una Persona: Jesucristo. Empieza aquí.

El kerigma

El Evangelio en cuatro pasos

La Iglesia siempre ha proclamado un mensaje sencillo que cambia la vida. Los primeros cristianos lo llamaban kerigma, palabra griega que significa “proclamación”. Aquí lo presentamos en cuatro pasos.

1. Dios te creó por amor, para Él

No eres un accidente. Dios nos creó a cada uno a su imagen para que pudiéramos compartir su propia vida y su felicidad para siempre.

“Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó; los creó varón y hembra”.Génesis 1, 27, trad. Torres Amat

Como dice el Catecismo, Dios, “en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1).

2. El pecado rompió nuestra comunión con Dios

Desde el principio, la humanidad se apartó de Dios, y cada uno de nosotros ha añadido sus propios pecados. El pecado no es solo romper una regla: hiere nuestra relación con el Dios que nos ama, y no podemos repararla por nuestra cuenta.

“Porque todos pecaron, y tienen necesidad de la gloria o gracia de Dios”.Romanos 3, 23, trad. Torres Amat
“Porque el estipendio y paga del pecado es la muerte. Empero la vida eterna es una gracia de Dios por Jesucristo nuestro Señor”.Romanos 6, 23, trad. Torres Amat

3. Jesucristo vino a salvarnos

Dios no nos dejó en la oscuridad. El Hijo eterno de Dios se hizo hombre en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Murió en la Cruz por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos, venciendo el pecado y la muerte y abriéndonos el camino hacia el Padre.

“Que amó tanto Dios al mundo, que no paró hasta dar a su Hijo unigénito; a fin de que todos los que creen en él, no perezcan, sino que vivan vida eterna”.Juan 3, 16, trad. Torres Amat
“…que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las mismas Escrituras”.1 Corintios 15, 3–4, trad. Torres Amat

4. Responde: conviértete, cree y síguele en su Iglesia

Jesús nos invita a una respuesta personal: apartarnos del pecado, confiar en Él y hacernos sus discípulos. Él nos da su vida por medio de la Iglesia que fundó, sobre todo en los sacramentos: el Bautismo nos hace hijos de Dios, la Confesión nos levanta cuando caemos, y en la Eucaristía recibimos a Jesús mismo.

“Se ha cumplido ya el tiempo, y el reino de Dios está cerca: haced penitencia, y creed al Evangelio”.Marcos 1, 15, trad. Torres Amat
“Haced penitencia, y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.Hechos 2, 38, trad. Torres Amat (“haced penitencia” significa “convertíos”)
“Yo soy el pan vivo, que he descendido del cielo”.Juan 6, 51, trad. Torres Amat

¿Listo para dar un paso más?

  • Reza. Habla con Jesús con tus propias palabras. Dile que quieres conocerle.
  • Visita una parroquia católica. Ve a Misa el domingo y, si quieres hacerte católico, pregunta al sacerdote o en la oficina parroquial por el Orden de Iniciación Cristiana de Adultos (OICA, antes RICA).
  • Confiésate. Si eres católico y has estado alejado, la puerta está abierta. En la mayoría de las parroquias hay confesiones cada semana. Nuestro examen de conciencia te acompaña paso a paso.
  • Vive el año litúrgico. Empieza con el Adviento (guía en inglés), cuatro semanas de alegre espera de la venida de Cristo.
Meditar la Palabra

Reflexiones bíblicas

Cristo es Rey

“Así es como dices: yo soy rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad: todo aquel que pertenece a la verdad, escucha mi voz”.Juan 18, 37, trad. Torres Amat

La realeza de Cristo no es un trono político: Él reina en los corazones que lo acogen. En 1925 el papa Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey en su encíclica Quas Primas. Actualmente la Iglesia celebra la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, el último domingo del año litúrgico. Seguir al Rey significa también entrar en el combate espiritual contra el pecado:

“Revestíos de toda la armadura de Dios, para poder contrarestar a las asechanzas del diablo…”Efesios 6, 11, trad. Torres Amat

La luz del mundo

“Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no camina a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida”.Juan 8, 12, trad. Torres Amat

Este versículo es el corazón de nuestro nombre y de nuestro logotipo. Un faro no gobierna el barco, pero muestra el camino a casa en medio de la oscuridad. Jesús es esa luz. También dice a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5, 14, trad. Torres Amat). Habiendo recibido su luz, estamos llamados a reflejarla a los demás.

Una fe que mueve montañas

“Pues ciertamente os aseguro que si tuviereis fe, tan grande como un granito de mostaza, podréis decir a ese monte: Trasládate de aquí a allá; y se trasladará, y nada os será imposible”.Mateo 17, 19, trad. Torres Amat (17, 20 en la mayoría de las Biblias modernas)

Jesús no pide una fe perfecta, sino una fe verdadera, aunque sea tan pequeña como un grano de mostaza. El poder es de Dios, no nuestro. La fe es nuestro “sí” confiado a Él.

La esperanza, ancla del alma

“…la esperanza; la cual sirve a nuestra alma como de una áncora segura y firme, y penetra hasta el santuario que está del velo adentro; donde entró Jesús por nosotros el primero como nuestro precursor”.Hebreos 6, 18–20, trad. Torres Amat

El ancla fue uno de los primeros símbolos cristianos, grabado en las catacumbas de Roma. Se parece a una cruz y habla de una esperanza que se mantiene firme en toda tormenta, porque está sujeta a Cristo mismo.

Santificar el día del Señor

“Acuérdate de santificar el día de sábado”.Éxodo 20, 8, trad. Torres Amat
“Venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré”.Mateo 11, 28, trad. Torres Amat

Para los cristianos, el mandamiento del sábado se cumple en el domingo, el día del Señor, día de la Resurrección de Cristo (Catecismo 2174–2175). Lo santificamos sobre todo participando en la Misa dominical (Catecismo 2180) y descansando en Él.

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